
Cuando me fui a dormir ya estaba muerta, con la dosis de veneno que le administre había sido suficiente para terminar con su vida, con su triste y miserable vida. Quedo tendida en el suelo y a mí no me dio ni un poco de lastima, después, solo se me ocurrió irme a la cama. Jamás me dado tanto gusto terminar con una existencia.
Cerré los ojos por un largo momento pero algo no me dejaba dormir, no me sentía cómoda dejando las cosas como estaban, no era correcto, pero tampoco me quería dar a la tarea limpiar la escena del crimen, el cadáver era grande y así muerta me daba asco. De cualquier forma me levante y camine hacia la sala… camine despacio y la vi en el suelo, así como yo la había dejado, me acerque con cuidado y… con un brinco me aleje inmediatamente, aun había rastros de vida, ella se movió y empezó a girar sobre su espalda como una loca, haciendo un ruido terrible, terrible en verdad. Comenzó a moverse hacia mi yo me aleje de su repulsivo cuerpo, después de un momento termino de morir. Corrí a mi camita y me metí debajo de las cobijas, ya no quería pensar en aquello, al fin y al cabo al día siguiente la señora que limpia mi casa se encargaría de todo ese asunto… No sería la primera vez.
¡Qué mosca tan asquerosa y tan grande! ¡Neta!, pero quien le manda a meterse en mi casa y a pararse en mi cena con sus patas sucias y peludas. Brindo por el que invento el insecticida, forma rápida y efectiva de asesinar insectos chiquitos y grandotes.